lunes, 21 de septiembre de 2015

Abriendo Caminos. Tarot

Tras apartar a un lado el episodio de la pérdida de los temas, voy a dejarme de tanto drama y a ponerle un poco de gracia al día.

Ya hemos llegado a la conclusión de que a lo largo de la oposición son muchos los momentos surrealistas, los episodios que decides contigo mismo que se quedan ahí, que jamás contarás a nadie, ¿y lo divertido que es tener estas historias? ya habrá tiempo de vivir una vida "relativamente normal".

Una de tantas, la comparto con una muy buena amiga, de esas que aunque solo veas una vez al año, la sigues considerando una persona importante, por el momento vital en que la has conocido, por las lágrimas, confesiones y conversaciones trascendentales hablando del sentido de la vida (no hay como estudiar una oposición para plantearse cuestiones vitales; ¿qué hago aquí? ¿Este es mi destino?...).

La conocí en el colegio mayor, opositaba a inspector del Banco de España, a los dos años se fue a vivir con su novio a tres calles del colegio, así que era como tenerla al lado. Un mes antes de su examen su novio tuvo que irse de viaje una semana por trabajo, así que hice mi mochila y me fui a pasar la semana con ella porque le daba miedo quedarse sola (otra paranoia de la oposición).

Cuando llegué, me adjudicó mi mesa de estudio, me puse "el uniforme de trabajo" y empezó nuestra semana. Puesto que le quedaba tan poco para el examen hacíamos intensivo, creo recordar que parábamos 40 minutos a la hora de comer, lo justo para ver las noticias y 10 minutos más para cambiar de canal.

El segundo día, haciendo zapping, nos encontramos con un canal de Tarot. Nos miramos y pusimos cara de ¿what?, pero ninguna cambió de canal, nos limitamos a hacernos las locas porque las dos teníamos curiosidad por seguir viendo. Tras cumplirse el tiempo de descanso, apagamos.
- Que friki la gente llamando, ¿eh?- decía ella, entre risas.
- Pues sí, se aprovechan de que algunos están desesperados- dije yo.

Esa misma noche, después de cenar, estábamos buscando algo para ver; "esa peli es muy larga, nos acostaríamos a las tantas, este canal tiene muchos anuncios, huy, esta es un rollo..." y así es como terminamos nuevamente en el canal de Tarot.

Las llamadas se sucedían unas tras otras, la gente llamaba sin parar. En muchas ocasiones se les veía el plumero...
-¿Tienes hijos? - preguntaba el tarotista poniéndole emoción a la cosa mientras extendía las cartas sobre la mesa.
- Sí- contestaba una voz temblorosa al otro lado del teléfono.
- ¿Te preocupa tu hija? -preguntaba como si estuviera viendo algo sorprendente.
-  Tengo dos hijos- contestaba la señora (casi siempre eran señoras).
- Te preocupa uno de tus hijos, porque tienes dos- decía el tarotista mirando a cámara como si pudiera estar viendo a Manoli en el salón de su casa haciendo la llamada.
- Sí, ¡tengo dos!- contestaba ella victoriosa, como sin creérselo.
Y a nosotras nos entraba la risa floja, de esa de última hora del día, que es como de estar borracha sin haber bebido una gota de alcohol.

Durante los siguientes dos días dejamos de ver las noticias y en los descansos nos sentábamos frente al televisor a ver como una tal Celia le abría los caminos a una señora que se sentía atrapada, o como le quitaba un mal de ojos a la de más allá, como le prometía que encontraría un nuevo amor antes de los cincuenta, y así una tras otra.

Nuestras risas del principio fueron convirtiéndose en ¿Te imaginas que fuera verdad? ¿Tú que le preguntarías? Pues si voy a aprobar. Yo también. ¿Llamamos?

Llegamos al punto en el que se nos fue de las manos y los descansos solo hablábamos de si llamar o no llamar
- Y si me dice que voy a aprobar, ¿Cuántos años tengo que intentarlo? Imagínate que sigo porque me lo ha dicho la tarotista y en realidad era mentira.
- ¿Y si me dice que no me la voy a sacar? ¿Qué hago, lo dejo ya?
- Ponte que te dice que no y en realidad tu destino era sacártela, pero se ha truncado por culpa de esa llamada.
- ¿Y si de verdad puede verlo y me ahorro años de intentarlo?
- ¿Y si solo nos dice que una de nosotras se la sacará? ahí tendríamos que seguir las dos hasta que una se la sacara porque ya la otra no tendría posibilidades.
- Pero si nos suelta una de esas frases que son aplicables a todo, en plan, persigue tu sueño, o tu sueño te alcanzará...ahí ¿qué hacemos?
Y así pasaban nuestros descansos.

Sin darnos cuenta terminó la semana, ninguna se atrevió a llamar, y decidimos dejar que nuestro futuro nos estallara en la cara, eso sí, después de prometer que no le diríamos a los demás lo que había sucedido en esos descansos.

Esa promesa no la cumplimos, con lo poco que hay por contar como para callarse algo así.



1 comentario:

  1. ¡Me ha hecho muchísima gracia la entrada!. No es algo que pregone a los cuatro vientos pero cuando doy con un programa así hago un parón de unos minutos a ver de que están hablando y se escucha cada cosa... jajajaja. Y más de una vez he estado tentada a llamar, que conste, pero al final siempre acabo pensando que lo mejor es que el camino a seguir se lo marque cada uno sin ser condicionado por nada ni nadie.

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