lunes, 1 de febrero de 2016

ENTREVISTA MOTIVADORA. Jesús Alberto Lleonart Castro. Recién aprobado.

Hoy tenemos una entrada especial. Os invito a que la leáis hasta el final porque hay momentos de confidencias, risas, agotamiento y momentos de piel de gallina. Durante un instante compartiremos con Jesús, no únicamente el duro día a día de una oposición, sino ese momento en el que te das cuenta de que todo ha valido la pena.

Muchas gracias a Jesús por hacernos partícipe de su "batalla".

Espero que os guste.


En primer lugar, me gustaría agradecer a María Poppins la oportunidad de poner en negro sobre blanco algunas anécdotas o historias de este proceso que tenemos en común: la oposición.  Además, yo, que hace tiempo fui blogger y que en un plazo corto de tiempo pretendo volver a serlo, sé perfectamente el cariño que se vierte en un espacio como este y sé lo mucho que se cuida. Desde luego, un buen blogger que se precie protege mucho todas sus publicaciones, así que, de nuevo, muchas gracias por considerarme digno de participar en este foro. Yo estoy encantado de poder hacerlo.

1.    Cuéntanos, hora a hora, un día de tu vida. Horario de estudio, hora en la que te sonaba el despertador, en la que dejabas de estudiar...

Como os podréis imaginar todos los días no siempre han sido iguales. Sí que es cierto que soy una persona bastante “ordenada” en cuanto a horarios se refiere. Nunca fui de los que se levantaba un día a la una y luego compensaba esa madrugada estudiando hasta las tres de la madrugada. Jamás. Sin embargo, sí que es cierto que comencé la oposición con un ánimo y una energía que fueron… acomodándose poco a poco hasta dar en los últimos años con lo que era mi “día tipo”.

El primer despertador suena a las 8:30, por primera vez (esto es importante). Como he dicho, suena. Nada más. Lo apago y a partir de ese momento comienza la repetición de la alarma cada 9 minutos (el clásico snooze, creo que se llama). El segundo despertador (que por la noche programo en un alarde de “mañana seguro que te levantas a las 8:30, campeón”) suena a las 8:36, por primera vez. Y de nuevo, snooze. Y ahí, empiezan a acribillarme los despertadores, los dos, cada 9 minutos de forma alterna, durante, aunque me de vergüenza admitirlo, 45 minutos más o menos. Hay cosas que se me dan bien, otras no, y en otras soy penoso. Levantarme es, desde luego, lo que peor se me da. A eso de las 9 y cuarto, me levanto cabreado, meditando sobre a quién se le ocurriría por primera vez la brillante idea de “oye, ¿y si programamos algún tipo de sonido estridente y de mala muerte para despertarnos a la hora que queramos?” y, sobre todo, acordándome de los familiares colaterales de primer grado en la línea ascendiente de todos los que pensaron que era una idea genial.

Una vez pasado el susto, un café en vena es imprescindible. Y para mí también lo ha sido, durante los 3 años de oposición, enchufar la radio, y (ya sé que va a sonar banal, agarraos, pero es así) poner la tertulia de Radio Marca. Oye, que sí, que sé como suena, pero desayunar con un poco de alegría (cuando ganaba el Barça y perdía el Madrid especialmente) no viene mal.

Como decía, durante el primer año de oposición, lo normal era que me pusiera a estudiar a las 9. El segundo año me conformaba con sentarme en la mesa de mi cuarto a las 9:30. Al final… la hora límite fueron las 10. Y a las 10 acabé empezando a estudiar todos los días. También es cierto que yo renuncié más pronto que tarde a cualquier tipo de pausa de media mañana (esas clásicas medias horitas de descanso que se alargaban hasta los 40 minutos entre café y café) y me di cuenta de que necesitaba más esa prórroga a primera hora de la mañana que más adelante.

Habiendo sido mucho tiempo (toda la carrera y al principio de la oposición) de biblioteca, en cuanto esto se volvió más exigente, entré en razón y dije: “chico, tienes que quedarte en casa estudiando”. Y así fue. Me ponía a las 10, tarde sí, pero me ponía. En serio. También debo reconocer que no era capaz de tener la fuerza de voluntad de dejar el móvil en otra habitación (mi hermana pequeña que tiene 17 años, lleva 3 años haciéndolo y yo me quito el sombrero; esta va para opositora, como las otras dos). Así que de vez en cuando (mucho más de lo que me gustaría) se me iban las manos y los ojos al móvil, para hablar con mi novia, que también opositaba, y al twitter, que fue mi gran distracción (@jesuslleonart, cuña publicitaria). Tanto es así que en este último año 2015, donde la cosa se volvió exageradamente exigente, borraba la aplicación entre semana durante varios meses.

A la hora de comer yo me daba 2 horas exactas para descansar. De esas dos horas intentaba no perder ni un solo minuto. La mayoría de las veces era de 14:30 a 16:30, cuarto de hora arriba, cuarto de hora abajo. Cogía la comida y almorzaba viendo una serie (The Walking Dead, Doctor Who, Castle, Modern Family, Los Soprano, Breaking Bad… y todas las que os podáis imaginar). Luego me tumbaba en la cama a leer unos 10 minutos y me echaba una siesta de 45 minutos (sí, de una hora, pero es que ya me da vergüenza reconocerlo). Me he echado la siesta todos los días de la oposición. Y lo digo bastante orgulloso, de hecho. Me era absolutamente imposible dedicarle un esfuerzo pleno al usufructo, las legítimas o el mandato si no estaba a lo que tenía que estar, y para eso necesitaba la siesta, porque si no, movía las lámparas con los bostezos.

Por la tarde, desde las 16:30 estudiaba hasta que acababa lo que tenía que hacer ese día. Los primeros meses, 20:30… Durante el nudo de la oposición 21-21:15… y al final… bueno al final me quedaba hasta medianoche. Como ya habréis imaginado, este horario tipo que os he puesto era más el de “antes de la convocatoria”. Estos plazos se vieron absolutamente alterados desde que llegó el momento de dar el do de pecho.

Al final del día, cuando acababa la jornada, variaba. A veces jugaba al pádel. Otras veces veía alguna película en el cine con mi novia o quedábamos para cenar, o, si me quedaba en casa, leía. Mucho. Devoraba y sigo devorando libros de fantasía, ciencia ficción y novela negra, entre otros muchos. Siempre me decía todo el mundo “o sea, que después de un día entero leyendo, tu descanso era leer más”. El descanso de los ojos no, desde luego. Pero sí el de la mente. Es absolutamente imprescindible que uno sea opositor mientras tiene el programa y el Código delante, pero que llegado el momento de “aparcar el Código”, como yo decía, uno se convierta automáticamente en ingeniero informático a tiempo completo: “no sé nada de Derecho”. Y me funcionó, desde luego.


2.    ¿Qué es lo que mejor se te ha dado y lo que más te ha costado de todo?

No sabría decir qué es lo que “mejor” se me ha dado sin que ello suponga tirarme flores que te hagan decir “joder, Modesto, baja, que sube Jesús”. Así que, mutatis mutandi, puedo responder a esta pregunta diciendo que lo que más he disfrutado ha sido cantar. Sí, cantar. He evolucionado mucho en la forma de cantar a lo largo de estos tres años. Por supuesto, no cantamos igual cuando llevamos cuatro temas que cuando llevamos noventa y cinco. Y estoy particularmente orgulloso de la evolución en ese aspecto. Habiendo aprendido a cantar a toda velocidad al principio, cuando tuve que subir el número de temas y éstos en la cabeza se diluían enormemente (como intentar retener el agua del mar entre las manos, casi), el sistema de cante no podía ser el mismo. Así que fui evolucionando hacia uno mucho más expositivo, metiendo el turbo cuando fuera necesario, en los artículos principalmente, que se acaban dominando más. Creo que el tribunal valora especialmente esa forma: siempre que el contenido sea bueno, los cambios de ritmo revelan cierta madurez en el opositor que sabe “qué es importante y por tanto, en qué debe detenerse especialmente”.

Lo que peor he llevado y lo que, por tanto, más me ha costado, ha sido la incertidumbre. La incertidumbre de cuando iban a convocar. La de pensar si iba a llegar o no. La de saber que debía meter un acelerón que iba a requerirme una energía extraordinaria que yo sabía perfectamente que no tenía. La de pensar que me lo jugaba todo en unos meses en los que yo estaba literalmente fundido. Los rumores de compañeros (por llamarlos de alguna manera) que se dedicaban a asustar al personal con “uy sí, esto está ya firmado en la Dirección General, sale mañana en el BOE” y tú morirte por dentro, querer llorar sin parar y pensar “pues no llego, ni de coña vamos” (obviamente, luego acabó saliendo la convocatoria tres meses después). En definitiva, lo que más me ha costado ha sido todo aquello que yo mismo no podía controlar. Como opositores, sabiendo que nuestro examen está dirigido por la suerte (la de los temas que sacas, la del día en que actúas, etcétera), nuestro principal objetivo es trabajar todo lo que podamos para reducir el porcentaje de suerte (que SIEMPRE existe) al mínimo posible. Manejar esa tarea y acabar aprendiendo a convivir con ella ha sido lo que más me ha costado.


3.    Cuéntanos truco o forma para memorizar los artículos.

Como antes decía no somos el mismo opositor durante todo el proceso. Y por supuesto no es lo mismo estudiar los artículos por primera vez que hacerlo más adelante. Una vez te has acabado la primera vuelta y dices orgulloso “me he estudiado literal todo el Código Civil”, los cimientos están claramente puestos y sólo hay que construir a partir de ahí. Por eso, la primera vez que me enfrentaba a un tema, y a unos artículos, siempre era la más difícil. Durante esa primera vuelta, recuerdo haber usado un sistema que me acabó facilitando las cosas bastante. Cogía un papelito (pequeño, para luego guardarlo en el Código) y apuntaba todos los artículos que tenía que estudiar en el orden en el que me aparecían en el tema, uno debajo del otro. Y los iba memorizando. Cuando me sabía el primero, lo cantaba y pasaba al segundo. Cuando me sabía el segundo, cantaba éste y el primero y si los dos me salían bien, pasaba al tercero. Claro que, cuando iba por el trigésimo primero, tenía que cantarme bien los treinta anteriores para pasar al siguiente, lo cual ya era más difícil. Pero si fallaba, volvía a empezar de cero. Y eso llevaba tiempo y esfuerzo, amenaza que acabó resultando un estímulo suficiente para fallar lo mínimo posible.

4.    ¿Qué pensamiento o qué era a lo que recurrías para motivarte los días de bajón?

No puedo obviar el hecho de haber tenido la infinita suerte de opositar siendo mi novia también opositora. De esta manera funcionábamos como una balanza. Cuando uno estaba abajo, el otro empujaba para que pudiera subir lo suficiente para mantenernos a la par. A día de hoy, si me pongo a pensar, el porcentaje de mi éxito que le atribuyo a ella roza el 90%. Sin ella, yo no estaría donde estoy, y eso lo tengo clarísimo. Dicho esto, y partiendo de que ella siempre ha sido el mayor sustento y la mayor de las motivaciones, todos tenemos nuestros pequeños trucos para salir de esos baches periódicos que se van sucediendo… (y conforme pasa el tiempo, de manera más rápida: más baches en menos tiempo). Y mi mayor truco siempre ha sido el mismo: descansar.

A veces es más la ansiedad, la vorágine en la que te has metido, la que imprime el ritmo a tu día a día, en lugar de hacerlo tú mismo. Los árboles no te dejan ver el bosque. En ese momento hay que saber desconectar, saber decir “me cojo este fin de semana, porque lo necesito y porque me lo he ganado”. Y recordar por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Soy un gran defensor de los descansos, de las vacaciones y de recordar que aunque opositando también, y principalmente, estamos viviendo.

5.    ¿Hay alguna frase de alguien o un momento en concreto que te haya dado fuerzas para seguir?

Sí, sin duda. Son muchas, de hecho. Pero destacaré sólo un par de ellas.

“El ocio es el padre de todos los vicios, y es el coronamiento de todas las virtudes” (Franz Kafka).

Esta frase me parece importantísima. Estamos de paso en esta vida y desde luego no podemos pensar que vivimos para trabajar u opositar. Opositamos, trabajamos, para vivir. Y hay que vivir. Y el ocio, la amistad, el amor, las aficiones… dan sentido y ponen en alza todo aquello que nos toca hacer.

“El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y se adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas” (Cristina Trivulzio di Belgioioso).

Parece hecha para opositores, y creo que la comprendéis todos perfectamente. Cantar un tema, para luego cantar un ejercicio. Llevar seis temas para luego llevar ciento cincuenta.  Ponerse nervioso antes de cantar con el preparador para luego afrontar cantar frente al tribunal. Creo que está claro que las oposiciones funcionan de esta manera. A veces, debido a que ha sido tanto el tiempo que hemos estado repitiendo lo mismo una y otra vez, hemos banalizado “esas pequeñas dificultades”. Pero no podemos olvidar en ningún momento que esto funciona precisamente así. Esas pequeñas dificultades debemos dominarlas hasta el hartazgo para poder afrontar de repente y prácticamente sin previo aviso, los grandes retos para los que nos preparamos.

6.    Te has sacado la oposición muy pronto, por lo que imagino que el segundo examen no lo llevabas tan trillado como el primero, ¿cuántas horas estudiabas al día para meter el segundo ejercicio? ¿Es cierto eso de que por muy cansado que termines del primero, aprobar te da chute de energía para ponerte con el segundo?

No pretendo desalentar a nadie, pero tengo que decirlo: preparar y aprobar el segundo ejercicio ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Hemos sido varios compañeros los que hemos tenido que enfrentarnos a esta prueba, la de estudiar y, sobre todo, interiorizar un examen igual de largo que el primero en una quinta parte del tiempo. Concretamente, en cuatro meses, cuatro meses y cuatro días para ser exactos. Aunque si descuento el fin de semana largo que descansé (sí, incluso aquí, descansar, como decía, es imprescindible) son cuatro meses exactos. Y me lo tuve que estudiar ENTERO (por supuesto, nada de quinielas; no llevo esforzándome al máximo tanto tiempo para dejar en manos del azar todo mi futuro) y, sin habérmelo mirado previamente, en un plazo de cuatro meses. Y no fui el único, de hecho, fuimos bastantes. Y han sido cuatro meses horribles. Las cosas como son. Que nadie piense que por esta “condensación temporal” queda patente que no dominamos el segundo ejercicio. De hecho, todo lo contrario. Puedo garantizaros que muchos sabemos más Mercantil e Hipotecario a estas alturas que Civil, porque estos meses no han sido normales. Han sido meses de entre doce y catorce horas de estudio diarias. Meses de profundizar en la materia para comprenderla lo mejor posible y de esa manera poder salvar las lagunas de la memoria que irremediablemente debían tenerse llegado el examen. Meses de un trabajo casi inhumano para lograr nuestro objetivo. Meses de esfuerzo que han dado su fruto sí, pero que han dejado una huella imperecedera. En la receta de las oposiciones está que la materia no debe aprenderse simplemente, sino aprehenderse, interiorizarse, asimilarse. Y, ciertamente, es posible que alguno se “cuele” habiendo aprendido como un papagayo, habiendo simplemente memorizado. En este segundo examen, eso no fue posible nunca. Los que lo pasamos tuvimos que desmenuzar al máximo la materia para poder aprehenderla. Sólo de esta manera pudimos superar el examen. 

Evidentemente, el chute de energía que se recibe con el primer aprobado es comparable a pocas cosas. Las primeras sensaciones son las de “no me lo creo, no puede ser, ¡lo he conseguido”, que luego van abriendo paso a las “madre mía lo que me espera”. Pero las reservas de energía, de ánimo y de ganas de estudiar se recargan de una manera sorprendente. Los estímulos que te llevaban a sentarte en la silla cada día y que hasta entonces tenías algo difuminados, borrosos, se dibujan claramente ante ti. Todo se ve más cercano y, sobre todo, más plausible. Es mayor el esfuerzo, pero mayor la recompensa y te enfrentas a cualquier cosa que se te ponga por delante, como fue en nuestro caso, el “miura” del segundo ejercicio.

7.    ¿Cómo es el cambio de estar todo el día memorizando a ponerse a preparar un ejercicio práctico (dictamen)?

Maravilloso.  Sin duda, lo definiría así. Es un cambio de vida espectacular, un giro de ciento ochenta grados. De repente no estás en casa con los temas, estás en una sala con quince personas más, con unos maestros cuyo conocimiento no parece tener fin, y es todo distinto. Tienes que arreglarte, salir de casa a diario, conoces muchísima gente nueva… No me costó nada cambiar radicalmente el chip, escribir en vez de leer, por ejemplo, o atender en vez de estudiar… De hecho, lo agradecí. Tuve jornadas maratonianas de 10 horas y eso nos permitía sentirnos como personas normales. Como todos nuestros amigos que se arreglan, salen de casa, van a trabajar, paran para comer, vuelven a trabajar y a casa finalmente. Ha sido la etapa más bonita de la oposición, con diferencia, pero también ha sido la más corta. Lo bueno si breve… dos veces bueno.


8.    Durante la oposición, ¿pensaste alguna vez, no puedo más, hoy ni me levanto de la cama?

Seriamente, no. He tenido momentos buenos, momentos malos, momentos muy malos y momentos muy buenos, como todos. La oposición es como una montaña rusa en la que te dejan montar gratis, y de la que no te puedes bajar, ni aunque te marees. Sí que ha habido días de preguntarme “¿quién me mandaría a mí meterme en esto?” pero nunca hasta el punto de bloquearme. Siempre  he pensado que el camino que yo elegí, el que elegimos los opositores, es un camino de obstáculos y éstos te van apareciendo poco a poco, o a veces, todos de golpe. No tendría mucho sentido que los obstáculos que yo mismo me puse delante fueran los que me frenaran. Sí, los sufrí, como los sufrimos todos. Y los maldije, hasta la saciedad. Pero no te pueden frenar, están delante de ti porque tú, voluntariamente, te has puesto al principio del camino. Hay que mantener fresca esa determinación inicial para saltar cada uno de ellos y llegar a la meta.

Sí, decirlo es precioso, lo sé, y facilísimo. Pero es muy jodido. Sé que lo sabéis. Pero como dice Coldplay en The Scientist “nobody said it was easy…”. Pero creedme, merece la pena.


9.    Cuenta alguna "opositorada" (me acabo de inventar la palabra) que hayas hecho , en plan salir a la calle con el pijama, ir al gimnasio con el código, cantarte temas en algún sitio curioso?

No sería un opositor que se precie si no me hubiera olvidado de que el mundo sigue girando mientras me centro en los temas; así que, como nos ha pasado a todos, sí, he bajado a fotocopiar en pijama y náuticos, he cantado en la esquina de una biblioteca de cara a la pared o he estudiado durante un buen rato tumbado en el suelo de mi habitación, por ejemplo.

Pero lo peor ha surgido durante los exámenes. Todo empezó con el primer examen, allá por Junio. Después de aprobarlo, durante los meses de verano mientras preparaba el segundo, repasaba aquellos mágicos días en Barcelona… y de tanto pensar en qué ocurrió… Me obsesioné con ello y me volví supersticioso.

Resulta que había subido a Instagram una foto de una canción una semana antes de examinarme, y otra foto de los gemelos con forma de balanza de la justicia que usé para el examen y un selfie con mi familia cinco minutos antes de salir para la estación… Los repetí, todos. En cada examen: un selfie distinto, otra canción y otra foto de los gemelos. Repetí muchísimas más cosas, pero la más gorda, sin duda, fue la del hotel. Atribuí un poder místico al hotel en el que me hospedé, que además compartía nombre conmigo: Hotel Lleó. Y cuando volví a Barcelona, volví al mismo hotel… y a la misma habitación. Los de recepción me confesaron que se me conocía por allí como “el loco de la 111”. De hecho, pedí la misma habitación 111 para el tercer examen y al llegar a Barcelona pasó lo siguiente:
-          ¡Hola! ¡He vuelto!
-          ¡Hola! ¿Qué tal el viaje?
-          Muy bien, gracias.
-          Tengo… esto… tengo malas noticias –mi novia y yo nos miramos pensando que no había habitaciones y habían extraviado mi reserva-.
-          ¿Qué ocurre?
-          Un compañero… esta mañana… el pobre es nuevo y no se ha enterado… Ha asignado su habitación 111 a otro huésped…
-          ¡Ahhh! ¡No pasa nada! ¡Creía que había sido algo más grave!
-          No, no, no puede ser. Así que les hemos asignado en compensación la mejor habitación del hotel, una suite, espero que acepten nuestras disculpas.

Así que para el dictamen, rompí la tradición.

10.                      Cuéntanos detalladamente para poder saborearlo contigo, cómo te enteraste de que habías aprobado el 3º examen. Dónde estabas, qué estabas haciendo cuando salió la lista, qué pensaste...

Después de haberme examinado el 9 de diciembre, leí mi ejercicio el día 12 de diciembre, sábado. A eso de las cinco de la tarde. Tan pronto como lo hice, huí despavorido de vuelta a Madrid. Esos días allí en Barcelona fueron realmente duros, la incertidumbre es realmente insoportable. De hecho, en el momento que lees, todo empeora y se te empiezan a pasar por la cabeza, no todos los escenarios posibles, sino sólo los negativos que, sin ningún tipo de razón lógica, te imaginas como los más plausibles.

Así que el día 12 por la noche ya estaba de vuelta. El resto de mis compañeros terminó de leer el 13, domingo. Eso significa que las notas salían el mismo día 13. El Tribunal quiso que las notas primero se leyeran en voz alta en una sala de conferencias del Colegio Notarial (ante un escaso público ya que todos volvimos a nuestros puntos de origen), que después se colgaran en el tablón de anuncios y que, sólo en último lugar, se subieran a la web, donde todos pretendíamos verlas. Imaginaos que estáis a una decisión del Tribunal de lograr vuestro objetivo, desde luego gastáis el botón F5 del teclado hasta la saciedad. Y claro, no sólo tú. Tu novia desde el móvil también. Tu madre directamente lo actualiza cada 5 segundos. Tus hermanas, tus abuelos, tus primos, tus amigos, todos. Quizá unas 20 personas por opositor. Sí. La web se colapsó y el servidor se cayó. En la página no aparecieron HASTA EL DÍA SIGUIENTE.

Gracias a Dios, mi padre, que es Notario en Argentona, a 30 km de Barcelona, dijo que la incertidumbre se la iba a meter por donde le cupiese otro, pero que él se iba al Colegio a escuchar la lista de aprobados en directo. Me dijo: “te llamo y te pongo el altavoz”. “Ni de coña”, le dije, “no vaya a ser que no lo oiga bien, crea que estoy aprobado y estoy en realidad suspenso”. “Mira, tu quédate ahí, escuchando y me vas escribiendo por WhatsApp, si sale mi nombre me lo dices… y si no sale… pues también”. “Vale”. En mi casa estábamos mi madre, también Notario y que creo que ha sufrido más esta oposición que la suya, mi novia y mis tres hermanas. En el salón sentados como si alguien se hubiera muerto: cariacontecidos y temblando.

Tono de WhatsApp, mensaje de mi padre. Me muero del nervio. Y sólo es un vídeo del pasillo, vacío… que le gusta el show a mi padre… A día de hoy no puedo evitar reírme. Aquel día quería matar a alguien, como imaginaréis. Otro mensaje. “Todavía nada”. “Pero si dijeron a las siete y son ya y media”. “No sé”. Pasaban los minutos y nada.

“Ya bajan”.

Tan sencillo como eso. Como cuando Gandalf en Moria leyendo el diario de Balin dice “ya vienen”. Igual. O peor, que aquí no eran orcos, aquí era todo o nada. Silencio… sin mensajes. “PAPÁ!?!?”. “Ya empiezan”.  ¿Qué ya empiezan qué? ¿A decir nombres? ¿A hablar?, pensaba yo. “¿Ya empiezan qué, papá?”. “Aún nada”, me dice (el cachondo). ¿Aún nada qué? ¿Mi nombre? ¿Aún nada la lista? ¿No han empezado a leer aún? Obviamente mi padre estaba más nervioso que yo, y se le notaba.

Y de repente, dos mensajes:

-          SIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!
-          COMPAÑEROOOOO!!!!!!!!!!!!!

Y yo con el móvil en la mano lo alcé y dije “¡ya está!”. Y de repente me convertí en un amasijo de brazos, piernas, melenas y lágrimas, muchas lágrimas de alegría que duraron un buen rato. Un día inolvidable.

11.                      ¿Que se siente la primera mañana que abres el ojo y te das cuenta de que ya no tienes que estudiar?

A la mañana siguiente te despiertas a la hora a la que deberías ponerte a estudiar. Y esto es ley de vida. Nos ha pasado a todos en esta promoción. De hecho, ni el despertador surtía este efecto. 8:30 y ojos como platos, aunque hubiera dormido 4 horas. Y piensas “coño, a estudiar”. Pero antes de cabrearte con el mundo te acuerdas de todo. Y sonríes.

Durante las semanas siguientes sigues sufriendo los “efectos” de la oposición, por decirlo de alguna manera. Para que os hagáis una idea, pensad en un corredor. La oposición no es un sprint, sino, como sabéis, una carrera de fondo. Pensad en un corredor que ha corrido rápido, sí, pero sobre todo, que ha corrido durante mucho, mucho tiempo. Y llega a cruzar la línea de meta. Es imposible detenerse automáticamente. La inercia te empuja a continuar, decelerando poco a poco hasta parar, durante unos metros más. Pero claro, todo ha cambiado.

12. Una frase o un consejo que les dirías a todos los que diariamente se pasan el día luchando con un temario para conseguir lo que tú acabas de lograr.

Aconsejar sobre algo así es una responsabilidad muy grande, y por ello lo primero que tengo que decir es que nadie tome a pies juntillas cualquier consejo que pueda recibir, ni mío, ni de cualquier otro. Cada camino, cada oposición, y cada caminante, cada opositor, son un mundo. Todos ellos llevan al mismo sitio, en la mayoría de los casos, siempre que tengan las dosis de esfuerzo e ilusión necesarias. Pero sobre el “cómo” se llega ahí, no hay nada escrito. Nada. De hecho, veréis que otros muchos se levantaban a las 6:30 y estudiaban de 7 a 23, ininterrumpidamente, por poner un ejemplo. No os agobiéis. Seguid usando vuestro propio sistema que habéis contrastado que os va bien, os aconsejen lo que os aconsejen.


Dicho esto, sí que creo que es necesario que uno compruebe todas las mañanas, como uno chequea mentalmente antes de salir “cartera, móvil, llaves, vale, está todo”, si tenéis en vuestras alforjas las dos cosas que vais a necesitar: esfuerzo e ilusión. El esfuerzo prácticamente viene de serie en todos los opositores. Siempre está ahí. Pero sus reservas se van agotando, justo (qué casualidad, oye) cuando necesitas más aún. Por eso, necesitas llevar siempre encima algo de (mucho de) ilusión. La ilusión es la que va a colmar las lagunas del esfuerzo, es la que va a extender tus horarios más allá de tus horas de confort, es la que te va a empujar cuando estés exhausto y la que te va a levantar cuando te caigas. Así que cuídala, aliméntala, como el fuego en invierno. De hecho, piensa en ella como una llama, que si te descuidas se apaga, dejándote a oscuras. Pero que si la mantienes viva, te va a dar calor, luz y protección. Justo lo que necesitas. 

11 comentarios:

  1. Muchas gracias por publicar una entrada así.
    Mi más sincera enhorabuena a Jesús y mil gracias por querer compartir su historia con los demás.
    Realmente los sueños se cumplen y el esfuerzo tiene su recompensa!
    Todo un chute de motivación para seguir adelante!

    Un beso!

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  2. Esta entrada es todo motivación! Se ve que los sueños sí cumplen!

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  3. ¡¡Hola!!

    Muchas gracias a los dos por la entrevista, me ha encantado ^^

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  4. Enhorabuena a Jesús! Q gran historia. Un abrazo

    Carmen.-

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  5. Muchísimas Felicidades!!! Increíble entrevista, con lagrimilla en el momento en el que he leído "siiii compañero"

    Chute de energía para seguir luchando!

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  6. Bravo!!!
    No suelo comentar nunca, pero después de leer esta experiencia no puedo sino felicitar a su autor porque ha conseguido transmitir exactamente lo que todos los opositores sentimos y pensamos, y también lo que esperamos que nos pase al final ;)
    Enhorabuena por el aprobado y por la gran historia y consejs que hay detrás

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  7. Hola! Gracias a la anfitriona y al huésped porque ha sido una entrada maravillosa! Y enhorabuena por el aprobado!!! Tengo que reconocer que en el relato de la gran noticia se me han escapado algunas lágrimas ^^ Un abrazo a ambos!

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  8. Enhorabuena a ambos!! Sin duda las preguntas dan en el clavo y Jesús se expresa que da gusto! Lo leí camino al cante pensando "va, que esto seguro que te da un chute para bordarlo", y ¡caray si lo hizo! Ahí que iba yo en el bus reprimiendo las lagrimillas, sobre todo con la respuesta de la preparación del dictamen. Ese "maravilloso" me ha sonado taaan bien, seré yo que le he añadido todo los sentimientos que para mi, creo que entraña..pero pelos de punta.

    Una vez más enhorabuena! Y gracias!

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  9. Un fiel reflejo de la realidad. Pueden cambiar los matices, los colores, la intensidad de las sensaciones, pera la realidad de un opositor es una y casi la misma para todos. Acertadas las preguntas, y muy sinceras las respuestas: un chute de ánimo para los sufridores de hoy.
    Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que el cambio de memorizador de artículos en constante fuga al de pensador y analítico redactor de dictámenes ha sido calificado por el entrevistado de "magnifico", ¿no habría forma de convencer a quienes corresponda que es ahí, en el dictamen, donde se calibra de verdad los conocimientos del opositor y si domina o no el articulado, el significado real del mismo, los comentarios doctrinales al respecto, e incluso la jurisprudencia aplicable?
    La criba mayor se produce en la confrontación de papagayos, y no por lo que se dice y cómo se dice, sino por la literalidad de los artículos. Después, cuando ya han caído muchos de los mejores, ¡seguro!, todo queda en manos de unos pocos sin que queden vacantes, por lo que es seguro que algunos de los redactores de dictámenes, sin ser malos, no llegue a ser los mejores, que es lo que necesita la realidad de la profesión. ¡Saber derecho y saber aplicar el Derecho!
    Ahí queda. Ya sé que es un mero brindis al sol.

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  10. ¡Me ha encantado esta entrada! No he podido evitar soltar alguna lagrimilla cuando he leído la parte en la que cuentas cómo recibiste la noticia del aprobado, ¡las sensaciones en ese momento deben ser increíbles!
    Enhorabuena por tu aprobado, te deseo mucha suerte en esta nueva etapa.

    Saludos de una humilde opositora a notarías :)

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  11. Enhorabuena Jesús!!! que máquina!!!

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