jueves, 21 de julio de 2016

La necesidad de reiniciarse

Estamos en pleno mes de julio, no hace falta que lo jure, ¿verdad?

Basta con abrir las ventanas del opozulo a las 8 de la mañana y recibir una buena torta de calor que ahí se queda en plena cara durante todo el día. Basta con contar las veces que las piernas se nos quedan pegadas a la silla, o que los folios de los temas se nos pegan a los brazos, porque es julio, y se suda como pollos.

Además,a eso juntamos, que nadie, absolutamente nadie, se acuerda de que hay una parte de la sociedad que dedica su tiempo a estudiar, y que lo hace sea el día que sea, y haga el calor que haga, y prácticamente no hay ninguna biblioteca abierta en la que mendigar algo de aire acondicionado.

Sí, puedo sentir el cabreo que os va subiendo por el cuerpo y que luego cae como otra gota más de sudor...

Respirad hondo y contad los días que os quedan para las ansiadas vacaciones porque lo bueno de este tiempodemierdainaguantablequemequitalasganasdevivir es que en breve toca reiniciarse. Cerrar los códigos, guardar los apuntes, recoger la mesa y saber lo que es quedarse en la cama por el simple placer de quedarse, o dar una vuelta porque me da la gana, y tomarme una cerveza y lo que surja porque al día siguiente no se estudia.

A lo largo de mis años opositando cometí muchos errores, y uno de ellos, era pensar al principio, que las vacaciones eran días perdidos, y me costaba horrores disfrutar de los días libres. Me sentía culpable, pensaba que los temas se diluían en mi memoria a la vez que mi cuerpo se empezaba a relajar por primera vez, y me encontraba con el comienzo de "nuevo curso" sin haber sabido disfrutar.

Vosotros no seáis igual de insensatos que yo, porque los descansos son tan importantes como las horas de estudio, y para pegarse las palizas de las semanas previas, hay que tener reservas guardadas en algún lugar.

Pégate una ducha fría, pensando que en breve será un baño en alguna piscina o playa, ásate de calor frente a los temas sabiendo que en breve el silencio del cuarto se ahogará con alguna canción del verano desde cualquier chiringuito o terraza, y aprovecha bien las últimas horas de estudio, porque en nada te toca horas de vida, de vida de la de verdad.

ÁNIMO, EN NADA TOCA VACACIONES!!!!!





jueves, 16 de junio de 2016

Mi experiencia con el Sumial.

Sois muchos los que me habéis preguntado por este tema, así que siempre advirtiendo de que hay que leer bien el prospecto y aplicarlo a la situación física de cada uno, aquí tenéis mi experiencia con el Sumial en el examen.

No soy partidaria de tomar nada químico para estudiar mejor, ni para aguantar más horas, ni para estar más concentrado, porque al final todo pasa factura, y más, en una carrera de fondo.

Sin embargo, lo que sí probé para examinarme es el famoso Sumial, bueno, famoso para mí ahora, que antes de que me lo recomendaran no tenía ni idea de lo que era.

Pues bien, sin tener ni idea de medicina ni de química, os diré que a grandes rasgos lo que hace es rebajar la frecuencia cardíaca, lo que se traduce en quitar los signos externos de los nervios, es decir, el tembleque en las piernas, el sudor de las manos o escuchar tu corazón a mil por hora dentro del pecho.

Recuerdo la primera vez que lo probé, más que nada porque me cayó una bronca tremenda de mi preparadora. Bueno, la cuestión es que no debí leer bien el prospecto y me tomé más de la cuenta.

Decidí probarlo en una de las veces que me tocaba completo en la academia, porque me pareció que sería lo más parecido al examen y así podía ver cómo reaccionaba mi cuerpo.

Por alguna extraña razón, yo entendí que tenía que tomarme tres pastillas de Sumial 10 mg, así que unos 20 minutos antes de ir al preparador me las tomé.

Llegué a la academia, se lo dije a mi amiga Pi, como si le estuviera confesando que llevaba las chuletas escritas en el bolígrafo, y empecé mi completo.

El primer tema perfecto, estaba tranquila, no me temblaba la voz, mente despejada, - esto funciona- pensé, dando paso a la lectura del programa con las preguntas del segundo tema. Y a medida que iba avanzando en el tema se me fue quedando dormida la lengua, pero dormida dormida, vamos que tuve que vocalizar de manera exageradísima para que las palabras tuvieran sonido reconocible en nuestro idioma, y ya en el tercer tema, me imaginaba a mí misma haciéndole muecas a la preparadora con mi abrir y cerrar la boca tan pronunciado.

Pues bien, la valoración fue muy buena.

- Muy bien, todos los temas muy completos, en tiempo, y se te veía tranquila. Lo único que te he visto muy forzada a partir del segundo tema, moviendo la cara demasiado, ¿no te parece?- me dijo la preparadora.

Y allí es cuando mi estado relajado llegó al top zen, y me entró la risa tonta. No podía parar de reír, simplemente me daba exactamente igual lo que me estuviera diciendo.

Se me ocurrió decirle que era la primera vez que cantaba con Sumial, porque quería probarlo antes del examen, y que puede que fuera posible, que quizá y solo quizá, me hubiera pasado con la cantidad recomendada.

Y allí empezó el rapapolvos, la bronca, y yo solo pensaba que por fin me había quitado el completo, y que además había quedado para ir al cine. 

Mi preparadora hablaba de lo peligroso de las pastillas, de las reacciones del cuerpo y yo solo debatía conmigo misma si comprarme o no palomitas.

En fin, como comprenderéis me disculpé al día siguiente, porque no era yo. Y digo eso porque luego me quedé dormida en el cine, y eso juro que no es digno de mí.

Después de mi sobredosis de Sumial, decidí volverlo a probar otro día que volví a tener completo. Esta vez tomé media pastilla, y oye, para mí fue mano de santo. 

En los orales frente al tribunal siempre me he tomado media pastilla de Sumial, lo reconozco, y a mí me ha funcionado muy bien. Porque no estar hecho un manojo de nervios, o por lo menos, no estar escuchando tu corazón como el retumbar de los tambores invocando a los espíritus mientras haces pasillo, es muy tranquilizador.

Con esto no os animo a que toméis nada, porque no soy fan de la química, pero si sois de los que los nervios les juegan malas pasadas o de los que se retiran antes de entrar porque las piernas caminan en dirección contraria, podéis probadlo. Por supuesto, siempre leyendo bien el prospecto y siempre probándolo antes del examen, no os la juguéis a no saber cómo os va a sentar algo precisamente ese día.

Ojo, y siempre refiriéndome a la dosis más baja, 10 mg.

martes, 7 de junio de 2016

Trucos para estudiar con calor.

Estudiar en verano es un horror, se mire por donde se mire.

Más ruido que nunca en las calles, las primeras escapadas de los amigos retransmitidas vía facebook o instagram, porque está claro que cómo te vas a ir sin contarlo, ir por ir es tontería...

Ir a la papelería de la esquina a imprimirse un tema es una carrera de obstáculos; tienes que esquivar las terrazas plagadas de gente, los helados pegados a las lenguas de todo quisqui, las cervecitas frías mirándote desde encima de las mesas, mientras tu blanco nuclear atraviesa esa imagen.

La mayoría no se da cuenta porque todos llevan gafas de sol, pero si no las llevaran quedarían cegados por ese cuerpo blanco que camina casi corriendo para no tener que hacer cola y volver rápido a casa antes de desintegrarse.

Pero dejemos de compadecernos... vamos a ver cómo hacemos del infierno un lugar más apetecible.

Aquí tenéis una serie de trucos sencillos, que no cuestan nada y aunque sea un poquito, nos ayudan a estudiar en esta maravillosa época del año opositoril.

1. Café con hielo!
Pero no os creáis que os voy a decir que os hagáis un café y le metáis dos cubitos de hielo. No, porque es algo obvio, y porque además, si te despistas un poco terminas bebiéndote un mejunje aguado y casi sin sabor.

Para evitar esto, hay que hacerse previamente cubitos de café y de leche. Simplemente cogiendo una hielera, y rellenando algunos huecos con café y otros con leche. Metedlos en el congelador hasta que se hagan sólidos y cuando queráis un café con hielo, os echáis el café y en lugar de cubitos de hielo, cubitos de leche y/o café, a gusto del consumidor y de las necesidades de despertarnos que tengamos.

2. Helados caseros
Hace unas cuantas entradas os di la receta de unos batidos con ingredientes que favorecían la memoria (pinchar en la palabra batido para ir a ella), pues bien, simplemente metiéndolo en una heladera, que venden en ikea o en cualquier chino de la esquina, podemos hacer helados, ricos, sanos y por supuesto obligatorios para estudiar mejor. No es que queráis comeros un helado, es que lo hacéis por el estudio, todo sea por el estudio...;D

3. Evitar las horas malditas. 
Cuando te pasas el día estudiando, es casi imposible evitar las horas de calor extremo, pero lo que hay que plantearse es en qué momento y para qué, te molesta más el calor; ¿para memorizar? ¿para cantar temas? ¿para hacer ejercicios prácticos? y según las respuestas de cada uno, procurar hacer lo que más nos cuesta en las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde. Y en esas horas en las que se te queda el culo pegado a la silla, y el sudor te recorre el cuerpo de arriba a abajo, procurar hacer lo que menos nos cueste, más nos guste, o lo que podamos hacer en la piscina o en la ducha. Yo me cantaba muchos temas en la ducha, probadlo, con agua fría los enjambres de abejas se persiguen mejor.

4. bebidas fresquitas al instante
No os ha pasado nunca, que vais a por agua, o un refresco  a la nevera y no hay nada frío!!¿ Quién no ha metido agua o latas en la nevera? ¿Quién?? Igual has sido tú...
Truquillo sencillo que salva tardes. Coged la botella o la lata que querías fría, la enrolláis con una servilleta o papel de cocina mojado en agua del grifo y la metéis unos 5 minutos en el congelador. El agua del papel mojado se enfría en seguida y en unos minutillos tenéis la bebida fría! Y si ya os la ponéis en un vaso con hielo, y una pajita...vamos, nada que envidiar a los pobres que están en los chiringuitos de la playa asados de calor y poniéndose rojos como cangrejos... jajajja

Espero haberos quitado un pelín de calor.

Hasta la próxima!!!!

jueves, 19 de mayo de 2016

No todos los días son buenos.

Sé que al leer el título de la entrada el pensamiento que os haya cruzado por la mente ha sido: "¿buenos, todos? de milagro no son todos malos"

Recuerdo los esfuerzos de mi madre para mantener una conversación telefónica esquivando las preguntas que se le harían a cualquiera y que a mí me sentaban como una patada.
¿Qué tal el día? ¿Te ha cundido? y ¿estás contenta? producían en mi cabeza el efecto de haber pulsado el botón de la frustración.

Bastaba con que alguien me preguntara cómo lo llevaba, para que mi mente se pusiera a analizar los últimos años de mi vida; " ¿soy feliz? ¿vale la pena todo este esfuerzo? ¿y si me atropella un coche mañana, qué habré hecho?

Así que a veces, como os pasará a la mayoría de vosotros, no era muy fácil mantener una conversación conmigo.

Pero dejemos a un lado el concepto de "día bueno" del resto de los mortales. Claro que pasarse el día entero delante de los temas no entra dentro de la idea de un buen día, pero cuando se habla de opositores la cosa cambia. Si ese día, en el que te has pasado más de 10 horas frente a los temas, has conseguido cumplir el plan, te han salido bien los temas cantados y encima, te ha dado tiempo a reírte un rato en uno de los descansos y un alma caritativa te ha dejado algo de chocolate o golosinas encima de la mesa...ese es un día de PUTA MADRE, hablando mal y pronto.

Regálale a un opositor un boli nuevo, unos post its, o déjale un café y un bollo encima de la mesa de estudio y le habrás hecho la persona más feliz del mundo...

Lo malo es lo fácil que nos acostumbramos a lo bueno. A veces, tengo que repetirme a mí misma que me estoy tomando un café en una terraza, así by the face, para darme cuenta de la suerte que tengo. Hay que seguir valorando esos pequeños detalles, que en la época de oposición son los más importantes.

Pero volvamos a los días malos, a esos en los que después de más de hora y media, te das cuenta de que no has pasado de página, ¿por qué? porque no es el día, no se sabe por qué pero hay días malditos. No son esos en los que te toca un tema feo, o en los que te da pereza, me refiero a esos días en los que entre rayada y rayada, llega la lágrima, y después vuelve el pensamiento de que no has avanzado nada en toda la tarde, y vuelta a la lágrima. 

Igual que os contaba que en los días en los que estaba medio enferma me obligaba a estudiar, os diré que los días malditos no lo hacía. Fueron días puntuales, y muy señalizados, porque cuando estás en uno de ellos lo sabes, son esos en los que te repites varias veces que estás echando tu vida por la borda y que nunca lo conseguirás. 

Después de varios años de oposición, me di cuenta de que esos días me machacaban la moral y además no avanzaba nada, por lo que en la época final, los últimos dos años, en cuanto llegaban y me daba cuenta de su presencia, esos días, me los regalaba.

Unas veces me iba al cine sola buscando alguna película que me sacara de mí, o me iba a una cafetería a leer. Solía hacer planes que me recordaran a mi yo de antes, y  que al mismo tiempo me hicieran pensar que seguía teniendo yo las riendas, que al final la que decidía seguía siendo yo.

Lo que en mi cabeza era como haberme saltado las normas, al final se resumía en haber "perdido" tres o cuatro horas de estudio, y pongo "perdido" entre comillas, porque sabía que ese día, esas horas no cundía.

No os rayéis cuando llegue un día de esos, y sobre todo no os escuchéis, salid a la calle, daros un paseo, recordaros que estáis vivos y como dicen esa maravillosa frase, MAÑANA SERÁ OTRO DÍA.






miércoles, 4 de mayo de 2016

Estáis todos embarazados

Probablemente penséis que se me ha ido la cabeza, las hormonas, serán las hormonas...pero dejadme contaros por qué creo que no es tan distinto la oposición de un embarazo.

Ayer tuve como un momento de lucidez, en plan una mente maravillosa, viendo las distintas etapas, los momentos, las náuseas...y pensé...pero si yo me pasé cinco años y medio embarazada.

Todo comienza con un test que te da la gran noticia, igual que una oposición comienza con una decisión que coges con una sonrisa de oreja a oreja sin saber, pequeño ingenuo, dónde te estás metiendo.

Y llega el primer trimestre del embarazo, "trimestre para que el cuerpo se acostumbre a la nueva situación" lo llaman, y yo lo resumiría en "trimestre tortura". Sí, el resultado merece la pena, la carita de tu hijo compensará todas las náuseas y las visitas al baño para vomitar, y los mareos, y encontrarte siempre mal, y no poder tomar una caña, y estar agotada a las 10 de la noche... ¿Os suena de algo?

Cambiad la carita del hijo, por la plaza, o por el aprobado, y voilá, ahí tenéis el primer trimestre, que en la oposición equivaldría al primer año o año y medio. Ese en el que descubres lo poco que valorabas la cama hasta el momento, las pocas cañas que te has tomado, lo poco que has aprovechado las vacaciones de verano... No os preocupéis, que la plaza merece la pena...jajaj.

Pasamos a la fase en la que toca comprar ropa premamá, camisetas y vestidos amplios, leggins, vaqueros con elástico porque descubres que nada de lo que tenías te entra ni te hace sentir cómoda. 
Igual que el momento en el que desistes de ir "arreglado" a la biblioteca, o de estudiar con vaqueros, ¿Qué haces con unos vaqueros cuando puedes estar estudiando en tu cuarto en pijama? 

Los antojos! Creo que no es ni necesario que hablemos de esta etapa. Todos hemos tenido necesidades imperiosas de algo, de no poder terminar el tema hasta que no tengamos esa bolsa de golosinas, esa chocolatina o lo que sea que se nos antoje. No somos nosotros, es algo superior...

Y las consabidas preguntas de todo el mundo... ¿Cuándo sales de cuentas? Tendrás ganas, ¿no? Y tú piensas...me muero de miedo!!! ¿cómo va a salir algo tan grande por ahí?
Igual os resulta más familiar así: "¿Cuándo te examinas? a ver si llega ya el día y apruebas por fin, seguro que lo estás deseando... y piensas: "¿deseando que llegue el examen? ¿pero cómo me va a entrar todo el temario en la cabeza en dos meses? Lo que quiero es despertarme al día siguiente, con la plaza bajo el brazo, viéndole la carita.

Feliz semana a todos y ánimo que cada vez queda menos para el parto... 




miércoles, 27 de abril de 2016

Los giros que da la vida.

Esta entrada es más bien una confesión, reflexión o pregunta que me lanzo a mí misma dadas las circunstancias y los giros que da la vida.

He de reconocer que la finalidad inicial del blog era desintoxicarme de mi etapa de la oposición. Darle forma de palabras, escupirlas sobre la pantalla de un ordenador y esperar a que se cerrara esa puerta. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, nada más distinto a los planes iniciales, lo cierto es que el blog me volvió a remover las entrañas y a hacerme preguntas que no quería ni formular.

¿Y si lo volvieras a intentar?
¿Y si compaginas oposición con trabajo para no tener la presión de que es todo o nada?
¿Y si te lo planteas a largo plazo, sin presión de que tiene que ser esta convocatoria?

Y cuando me encuentro en pleno interrogatorio y meditación...me entero de que estoy EMBARAZADA. 

- Tenía la sensación de que iba a pasar próximamente- dice mi marido reflejado en el espejo del baño, mientras todavía sostengo el test de embarazo entre las manos.
-¿Sí?, ¿Por qué?, si llevamos meses intentándolo y nada - Le respondo yo entre feliz y muerta de miedo.
- Porque te pega todo decidir darte la oportunidad de volver a intentarlo y que algo te trastoque los planes- dice medio riendo, medio mirándome con pena. 
En ese momento me hizo gracia. Al cabo de diez minutos volví a ese pensamiento...

Un momento...la primera vez me pierden el temario, y ahora cuando tengo tomada más o menos la decisión, y hasta me ilusiona ponerme a estudiar unas horas al día y los fines de semana, me quedo embarazada después de meses de intentos fallidos. Un momento...¿Alguien me está intentado decir algo?

De momento he tenido que aparcar nuevamente el proyecto, porque ya me cuesta venir a trabajar todos los días con lo mal que me estoy encontrando, como para ponerme a estudiar entre náusea y náusea. Sin embargo, creo que precisamente el hecho de este nuevo giro me ha dado un poco de perspectiva, algo me dice que no corra, que nadie me persigue, que las cosas pasan cuando pasan porque tienen que pasar, y luego ya sucederá el resto.

Así que, sin dejar de aparcar del todo el proyecto de volver a intentarlo en el futuro, pero dejándolo de momento en doble fila, me voy a centrar en el nuevo paso de mi vida, que viene pisando fuerte y dejándome para el arrastre, pero eso sí, muy feliz, y ya en cuanto pueda, empezaré a cantarle algún temilla con el que seguro se queda sopa en menos de que cante un gallo.

En cierta manera este giro se debe a vosotros, a cada comentario o cada reflexión que hacéis en el blog. Me habéis vuelto a recordar que no hay nada más emocionante que luchar por lo que uno quiere, aunque sin dramas, al final no hay drama que valga la pena.


miércoles, 20 de abril de 2016

MI HISTORIA EN LAS OPOSICIONES. Otra experiencia real.

Una compañera ha decidido hacernos partícipe de su historia, así que sin dejar de darle las gracias por su generosidad, os dejo con su relato, que estoy segura de que a muchos de vosotros os ayudará y a otros desgraciadamente os habrá pasado algo parecido.

Hola a todos,
Después de pensármelo mucho y gracias al ofrecimiento de María, he decidido  contar cuál ha sido mi experiencia en las oposiciones y ello, fundamentalmente, por dos motivos:
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El primero, creo que puede servir de ayuda a todos los que hayan pasado o estén pasando por una situación similar. Es frecuente que en los blogs de opositores se hagan relatos de personas a las que la oposición les ha ido bien y su recorrido acaba con un exitoso aprobado. Mi intención aquí es alentar a todos los que no nos encontramos en esa tesitura y la vida nos ha puesto en situaciones en las que la cuerda se ha tensado tanto que incluso hemos pensado en abandonar.
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El segundo motivo por el que escribo esto, es por mí misma, para que me ayude a cerrar definitivamente esta herida emocional que dura ya unos cuantos años.
Por una cuestión personal, no daré datos ni nombres de las personas que menciono aquí. No obstante, si alguno quisiera más información podría ponerse en contacto conmigo. Intentaré ser lo más breve posible en mi relato aunque para contarlo todo bien, sí será necesario que me extienda un poco, os pido perdón de antemano si la lectura os resulta algo tediosa.
Mi historia comienza hace 4 años. Yo siempre había sido una buena estudiante (como el 99% de los que opositamos) que finalizaba en la universidad con la ilusión de empezar una nueva etapa como opositora. Empezaba insisto, con mucha ilusión pero también con mucha inexperiencia e ignorancia. No conocía a nadie que hubiera aprobado mis oposiciones (son del grupo A) ni ningún familiar que me pudiera orientar en las mismas. En la ciudad en la que resido, de mi oposición sólo había un grupo de preparadores que preparaban lo que yo quería estudiar, es decir, o preparabas con ellos o te tenías que ir a otra ciudad. En ese momento pensé que no había diferencias entre un preparador u otro, máxime cuando todos ellos habían pasado por un tribunal y habían acreditado sus conocimientos, así que no le di demasiada importancia a ese hecho, pensé “qué más dará, esto consiste en estudiarse los temas y ya está”. CRASO ERROR, que después me llevaría al punto en el que ahora me encuentro. A partir de aquí, empezaron los primeros cantes y las primeras felicitaciones.
Cuando llegaba a cantar mis preparadores JAMÁS (reitero, JAMÁS) me hablaron de la literalidad de los temas o de la calidad de los mismos. Yo me limitaba a EXPLICAR los preceptos del Código Civil y a EXPONERLOS como si fuera una profesora de universidad. Jamás se me corrigió o se me indicó que así no debía  “cantarlos”, es más, se me indicaba todo lo contrario, que mi forma de cantar era muy buena y que estaba haciendo las cosas bien. No obstante, había algo en mi interior que me decía que algo no estaba bien, los temas que se me habían proporcionado (en mi oposición no hay un temario de una editorial hecho) eran muy antiguos, no sólo no coincidían los epígrafes de los temas sino que habían erratas muy graves en los mismos.
A los 6 meses de comenzaa opositar, empecé a preguntar a los compañeros si eso era normal, ellos me respondían que me fuera acostumbrando. Me decían “sí, tendrás que hacértelos tú porque conforme avances con el temario la cosa irá a peor”. También empecé a preguntar a los preparadores y me respondían lo mismo. Yo no tenía ni idea de cómo se hacía un tema pero ¡si acababa de empezar!
Cuando llevaba algo más de un año de preparación salió la convocatoria, yo me había estudiado el primer oral (la mitad del temario) así que, a pesar de no haberme mirado todo el temario, podía presentarme al primer ejercicio y ver qué tal se daba la cosa. Por aquél entonces, la relación con mis preparadores era muy mala, mi desconfianza hacia su forma de preparar era palmaria y la relación personal, mala. Aún así me presenté al examen y saqué un 5. A pesar de haber aprobado salí del examen pensando que mi nota debía haber sido superior, pensaba que el examen lo había hecho mejor, algo no cuadraba. Por esta razón, decidí buscarme (literalmente) la vida para cambiar de preparador en mi misma ciudad y, después de preguntar a “diestro y siniestro” conseguí que me prepararan otras personas que, y ahí está el fallo por mi parte, nunca habían preparado. Fui su “conejillo de indias”.
En aquél momento ya psicológicamente estaba DESTROZADA, la desconfianza en mi misma se había apoderado de mí y empezaba a sufrir crisis graves de cansancio. Me levantaba y a mitad de mañana tenía que parar de estudiar porque no me mantenía ni en pie. Estaba destrozada y empezaba mi declive como opositora. Aún así, estudiaba lo que podía y conseguí acabarme el temario (había pasado 1 año desde mi aprobado) y volvió a salir la convocatoria. Con los nuevos preparadores seguí estudiando de la misma forma que con los anteriores, no se me corregía ni la forma de cantar ni tampoco la “supuesta” literalidad que debía llevar en los temas. Me volví a presentar al examen,pensaba que lo llevaba bien ya que contaba con más vueltas y experiencia. Hice el examen y mi preparador al salir me dijo que lo había hecho muy bien, que aprobada seguro. Pasé una tarde entretenida, estaba convencida de que había hecho un buen examen –dado que me había sentido incluso más cómoda que en el preparador- … pero mi sorpresa fue cuando a las 9 de la noche me volvió a llamar para decirme que estaba suspendida. No daba crédito, yo pensaba que lo había hecho genial!
Pues sí, suspendida por todos los miembros del tribunal y aquí viene la parte dura de mi historia. Al preguntar qué había sucedido me di de bruces con la triste realidad. Ni la literalidad que llevaba era la idónea para aprobar, ni mis temas tenían suficiente contenido. El tribunal también argumentó que mi forma de cantar no era la correcta ya que parecía una profesora de universidad pero no una opositora. Se me cayó literalmente el mundo al suelo, me pasé una semana sin salir de la cama. Me habían engañado o, al menos, así me sentía yo. ¿Por qué nadie me dijo que me tenía que aprender el Código Civil? ¿Por qué no me habían dicho que explicaba los temas cuando eso NO era lo que pedía el tribunal? ¿Por qué no se me había corregido la velocidad de cante? No me lo podía creer, me quería morir.
Al hablar con mis preparadores ellos no asumían la responsabilidad de nada, me dijeron que si quería seguir era cosa mía que yo “ya era mayorcita para tomar la decisión de seguir o no”. Es decir, al suspenso se añadió una falta de asunción de responsabilidades. Sólo yo era la responsable, según ellos, claro.
Estuve un mes pensando si seguir o no, llevaba ya 3 años y estaba quemada. Obviamente, no quería seguir preparando con ellos pero en mi ciudad no había nadie más con quien preparar. Les dije a mis padres que quería irme a Madrid pero al hacer números de lo que suponía económicamente ese traslado me dijeron que era inasumible pagar preparador, alquiler, comida... En ese momento yo ya estaba DESESPERADA. Conocía casos de gente que preparaba por Skype así que empecé a preguntar a preparadores en Madrid si aceptaban esa forma de preparación que me permitía seguir en mi ciudad. Después de muchas negativas encontré uno que aceptó prepararme. Mi nivel académico era tan bajo que me tocó después de 3 años prácticamente empezar de CERO, nuevos temas sin subrayar y dándome cuenta de que no cantaba ni un precepto literal. Me quería MORIR, era desesperante, decidí acudir a un psicólogo porque ya no podía más. Poco a poco fui remontando (con muchos lloros, eso sí) y en ello sigo un año después. Sigo en la lucha con la esperanza de volverme a presentar de nuevo cuando vuelva a salir la próxima convocatoria.
Ésta es mi historia, he suprimido ciertas cosas porque no quiero que esto sea una novela aunque bien pudiera serlo. No me gusta dar consejos pero la única advertencia que sí os doy es que penséis muy mucho con quién vais a preparar y qué temario manejáis. Ésa no es una cuestión baladí porque si llevas muchas vueltas de un tema que es una porquería lo que cantaréis al tribunal será una porquería.
Ojalá este cuento que para mí ha sido una pesadilla acabe después de todo con final feliz, aunque, ¿sabéis qué? Para mí haber luchado tanto ya es una pequeña victoria.
Gracias por leerme.